La hechicera
He entrado en la librería esotérica por casualidad. Un grueso tomo del I Ching ha llamado mi atención. Mientras lo hojeaba, he visto una sombra en el cristal del escaparate.
Mi corazón se ha paralizado.
<<>>
Era la anciana, la misma anciana de la maldición, que contemplaba los objetos que se exhibían en tras el cristal.
Creo que el reflejo de la luna le impedía verme, ya que no reparó en mi presencia.
Desde mi ventajosa posición, me recreé en observar sus rasgos. El ajado rostro de la mujer infundía, como poco, inquietud. Sus labios parecían cosidos con un fino hilo anaranjado que amenazaba con quebrarse en cualquier momento. Sus ojos se hallaban tan hundidos que llegué a pensar que buscaban escapar del mundo…
De pronto, dio media vuelta y desapareció.
Yo dejé el libro del I Ching en la estantería y salí sigilosamente tras de ella.
Caminamos largo rato por el casco antiguo hasta que se detuvo frente a un desvencijado portal. Tras sacar unas aparatosas llaves, abrió y desapareció de mi campo de visión.
Me acerqué pasados unos minutos, y observé que era una vieja construcción de tan solo dos viviendas.
Entonces, escuché ruidos de alguien que bajaba las escaleras. Una niña surgió de la nada y me miró fijamente. Luego, abrió la puerta y tomó asiento sobre unos escalones que había al lado.
No cesaba de observarme.
—Hola —dije, acercándome a ella.—¿Quieres hablar con mi abuela? —me preguntó.Yo sorprendido, miré de soslayo hacia el portal.—¿Por qué debería querer hacerlo?—Todos quieren hablar con ella.—Entiendo —dije, y a continuación añadí—: ¿Y a qué se dedica tu abuela?—¿No lo sabes?—No.—Es hechicera. Es raro que tú no lo sepas; todo el mundo lo sabe.—¿Hechicera?—Sí.Mi mente no paraba de revolotear.—¿Entonces se dedica a lanzar hechizos?—Claro. Hay muchas personas que vienen a visitarla.—¿Y qué hacen para hablar con ella?—Vienen por las tardes. Siempre vienen por las tardes.—¿A cualquier hora?—Menos cuando va a comprar, pero algunos la esperan. Una vez, un hombre la esperó toda la tarde.—Debe ser una buena hechicera —dije, tratando de tirarle de la lengua.—Es la mejor hechicera —aseguró, lanzándome una mirada que nada tenía de inocente—. La mejor hechicera del mundo.
Mi corazón se ha paralizado.
<<>>
Era la anciana, la misma anciana de la maldición, que contemplaba los objetos que se exhibían en tras el cristal.
Creo que el reflejo de la luna le impedía verme, ya que no reparó en mi presencia.
Desde mi ventajosa posición, me recreé en observar sus rasgos. El ajado rostro de la mujer infundía, como poco, inquietud. Sus labios parecían cosidos con un fino hilo anaranjado que amenazaba con quebrarse en cualquier momento. Sus ojos se hallaban tan hundidos que llegué a pensar que buscaban escapar del mundo…
De pronto, dio media vuelta y desapareció.
Yo dejé el libro del I Ching en la estantería y salí sigilosamente tras de ella.
Caminamos largo rato por el casco antiguo hasta que se detuvo frente a un desvencijado portal. Tras sacar unas aparatosas llaves, abrió y desapareció de mi campo de visión.
Me acerqué pasados unos minutos, y observé que era una vieja construcción de tan solo dos viviendas.
Entonces, escuché ruidos de alguien que bajaba las escaleras. Una niña surgió de la nada y me miró fijamente. Luego, abrió la puerta y tomó asiento sobre unos escalones que había al lado.
No cesaba de observarme.
—Hola —dije, acercándome a ella.—¿Quieres hablar con mi abuela? —me preguntó.Yo sorprendido, miré de soslayo hacia el portal.—¿Por qué debería querer hacerlo?—Todos quieren hablar con ella.—Entiendo —dije, y a continuación añadí—: ¿Y a qué se dedica tu abuela?—¿No lo sabes?—No.—Es hechicera. Es raro que tú no lo sepas; todo el mundo lo sabe.—¿Hechicera?—Sí.Mi mente no paraba de revolotear.—¿Entonces se dedica a lanzar hechizos?—Claro. Hay muchas personas que vienen a visitarla.—¿Y qué hacen para hablar con ella?—Vienen por las tardes. Siempre vienen por las tardes.—¿A cualquier hora?—Menos cuando va a comprar, pero algunos la esperan. Una vez, un hombre la esperó toda la tarde.—Debe ser una buena hechicera —dije, tratando de tirarle de la lengua.—Es la mejor hechicera —aseguró, lanzándome una mirada que nada tenía de inocente—. La mejor hechicera del mundo.


0 Comments:
Post a Comment
<< Home