Extraña pareja
Al salir de yoga me he acercado al gimnasio. Era un poco tarde, pero debía recoger el carné.
Mientras atravesaba las canchas, no he podido evitar fijarme en una extraña pareja que jugaban en la pista número 5. Y digo extraña porque había algo en ellos que llamaba irremediablemente la atención.
Tras observarles durante algunos minutos concluí que existían varios detalles concluyentes.
Sobreactuaban.
No tardé mucho en advertirlo.
Dramatizaban, exageraban.
Él era un tipo bastante alto, con el pelo moreno y de notable atractivo. Su edad podría situarse entre los 30 y los 40 años. Ella no debía pasar de los 30. Castaña, y también alta, vestía una blanca minifalda extremadamente corta. Y aunque su belleza era indiscutible, la gracia de sus movimientos fue lo que más me cautivó.
Él me miró y creí percibir que me guiñaba un ojo. Instantes después, ella rompía en carcajadas.
Me quedé pensativo..., y sorprendido. Más que jugar un partido de tenis, parecían estar interpretándolo. ¿Pero para quién?
Miré tras de mí y me di cuenta que no era el único que se sentía atraído por la parejita... Dedicí ir a por el carné.
Mientras buscaban la ficha, mis ojos se desviaron hacia el pequeño cuadrante en el que figuraban los titulares de las pistas. Pude leer que una tal Evita había alquilado la número 5. Me hizo gracia el nombre.
Recogí el carné y salí un tanto desconcertado.
Una idea hervía en mi cabeza. No pude escaparme de ella.
Di la vuelta y me dirigí al encargado:
-¿Han pagado por adelantado la pista 5?
Él miró en su cuaderno.
-No -contestó con sequedad-. Todavía no.
-Lo haré yo -dije, sacando la cartera.
Mientras pagaba, Evita y su compañero aparecieron por la puerta...
-Está pagado -dije, dirigiéndome a él.
Ambos sonrieron.
-¿Y eso? -preguntó la chica.
-Evita, ¿verdad?
-Así es.
-Verás, Evita, cuando pasé frente a las canchas, no pude "evitar" quedarme un rato a observaros. Luego, al recoger el carné, tampoco pude "evitar" leer tu nombre en el cuadrante. Al ver que te llamabas "evita", tampoco pude "evitar" invitaros a la pista.
La pareja estalló en carcajadas.
-Pues -soltó él- no vamos a poder "evitar" invitarte a un refresco.
Estuvimos cerca de media hora en la cafetería del club charlando. Y resultó ser ciertamente una extraña pareja. Me dijeron que eran hermanos, pero no llegué a creérmelo del todo; había algo sensual en su comportamiento que me inducía a pensar lo contrario. También me dijeron que trabajaban como actores, y que el numerito de la pista había sido preparado con anterioridad. Yo me quedé bastante sorprendido, ya que no entendía el motivo de que alguien pagase por algo así. Ellos me respondieron con una mirada cargada de complicidad de la que nada pude extraer.
Antes de abandonar el local, nos intercambiamos nuestros números de teléfonos. Thomas, como me dijo que se llamaba él, me entregó su tarjeta. Y efectivamente figuraba como actor profesional. Me prometió hacerme un buen descuento en sus servicios.
Quedé sorprendido.
Más tarde, ya de camino a casa, se me ocurrió una idea genial.
¡¡ Lo celebré en el baño con una buena botella de vino !!
Mientras atravesaba las canchas, no he podido evitar fijarme en una extraña pareja que jugaban en la pista número 5. Y digo extraña porque había algo en ellos que llamaba irremediablemente la atención.
Tras observarles durante algunos minutos concluí que existían varios detalles concluyentes.
Sobreactuaban.
No tardé mucho en advertirlo.
Dramatizaban, exageraban.
Él era un tipo bastante alto, con el pelo moreno y de notable atractivo. Su edad podría situarse entre los 30 y los 40 años. Ella no debía pasar de los 30. Castaña, y también alta, vestía una blanca minifalda extremadamente corta. Y aunque su belleza era indiscutible, la gracia de sus movimientos fue lo que más me cautivó.
Él me miró y creí percibir que me guiñaba un ojo. Instantes después, ella rompía en carcajadas.
Me quedé pensativo..., y sorprendido. Más que jugar un partido de tenis, parecían estar interpretándolo. ¿Pero para quién?
Miré tras de mí y me di cuenta que no era el único que se sentía atraído por la parejita... Dedicí ir a por el carné.
Mientras buscaban la ficha, mis ojos se desviaron hacia el pequeño cuadrante en el que figuraban los titulares de las pistas. Pude leer que una tal Evita había alquilado la número 5. Me hizo gracia el nombre.
Recogí el carné y salí un tanto desconcertado.
Una idea hervía en mi cabeza. No pude escaparme de ella.
Di la vuelta y me dirigí al encargado:
-¿Han pagado por adelantado la pista 5?
Él miró en su cuaderno.
-No -contestó con sequedad-. Todavía no.
-Lo haré yo -dije, sacando la cartera.
Mientras pagaba, Evita y su compañero aparecieron por la puerta...
-Está pagado -dije, dirigiéndome a él.
Ambos sonrieron.
-¿Y eso? -preguntó la chica.
-Evita, ¿verdad?
-Así es.
-Verás, Evita, cuando pasé frente a las canchas, no pude "evitar" quedarme un rato a observaros. Luego, al recoger el carné, tampoco pude "evitar" leer tu nombre en el cuadrante. Al ver que te llamabas "evita", tampoco pude "evitar" invitaros a la pista.
La pareja estalló en carcajadas.
-Pues -soltó él- no vamos a poder "evitar" invitarte a un refresco.
Estuvimos cerca de media hora en la cafetería del club charlando. Y resultó ser ciertamente una extraña pareja. Me dijeron que eran hermanos, pero no llegué a creérmelo del todo; había algo sensual en su comportamiento que me inducía a pensar lo contrario. También me dijeron que trabajaban como actores, y que el numerito de la pista había sido preparado con anterioridad. Yo me quedé bastante sorprendido, ya que no entendía el motivo de que alguien pagase por algo así. Ellos me respondieron con una mirada cargada de complicidad de la que nada pude extraer.
Antes de abandonar el local, nos intercambiamos nuestros números de teléfonos. Thomas, como me dijo que se llamaba él, me entregó su tarjeta. Y efectivamente figuraba como actor profesional. Me prometió hacerme un buen descuento en sus servicios.
Quedé sorprendido.
Más tarde, ya de camino a casa, se me ocurrió una idea genial.
¡¡ Lo celebré en el baño con una buena botella de vino !!


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